viernes, 3 de julio de 2015

Mi experiencia con la lactancia materna

Sé que la temática de mi blog poco tiene que ver con la maternidad, sino con el mundo de la farmacia, mi mundo. Sin embargo, en estos momentos de mi vida, me siento en la obligación moral de escribir este post: mi experiencia con la lactancia materna






Uno de los regalos que me ha dado esta segunda maternidad ha sido la lactancia materna. Con mi hijo mayor fui totalmente incapaz. Un miedo atroz y un desconocimiento total fueron el cóctel ideal para que la lactancia fuera un completo desastre. 

Miedo atroz porque sufro, desde los 18 años, de una mastopatía que me ha dado más de un quebradero de cabeza. Nada grave, no os preocupéis. Pero sí lo suficientemente latoso para que tuviera un pánico horrible a sufrir una mastitis. Un miedo totalmente infundado por mi parte. Pero como os he dicho, el desconocimiento hizo el resto. 

Desconocimiento total porque, durante mi embarazo, me quedé con una única fuente de información, mi matrona. No digo que la mujer hiciera mal su trabajo. Todo lo contrario. Es más, me consta que es una matrona con una gran reputación en su sector. Simplemente sus consejos, en mi caso, me sirvieron de más bien poquito. 

Os pongo en situación: mami que se encuentra en el paritorio, con su bebé recién nacido, y un cóctel de hormonas, alegrías y miedos por doquier. Una bomba, ¿no os parece?

En esto que llega la matrona con mi hijo y me lo estampa, literalmente, contra uno de mis pechos. Mi hijo, como buen recién nacido, empieza a mamar (o eso creía yo). Yo, con más miedo que vergüenza, no me muevo ni un milímetro, ni siquiera me atrevo a tocarle no vayamos a fastidiar la faena. Mi hijo, de vez en cuando, protesta como buen recién nacido, pienso yo. Aquí empieza lo bueno

Pasado un rato, no recuerdo cuánto, decido "desenganchar" a mi hijo para sacarle los gases, tal y como me habían enseñado. Cual fue mi sorpresa cuando descubro que mi hijo no se había enganchado al pezón, sino más arriba. Me había hecho un buen hematoma. Por poco entro en crisis. Llamo a las enfermeras y me empiezan a decir que vaya moratón, menudo estropicio... Y mi cabeza sólo repetía una y otra vez: mastitis. Ahí entré en barrena y caímos en picado los dos. Probamos con pezoneras, con diferentes posturas, enganchando y desenganchando una y otra vez. Pero yo no estaba bien. Y mi hijo, pobre mío, hizo todo lo que pudo. En ese estado de nervios nada puede salir bien. Así que, pasados unos quince días, finalmente me resigné y pasamos por completo a la la lactancia artificial. Sé que me rendí muy pronto pero yo no estaba bien. Así que, a lo hecho pecho (nunca mejor dicho), y tira "pa'lante" con la decisión que has tomado. 

Aquí termina mi calvario, estaréis pensando. Nada más lejos de la realidad. Durante mucho, muchísimo tiempo, el sentimiento de culpa por no haber podido alimentar a mi hijo me rondaba por la cabeza. La presión que la sociedad ejerce sobre las madres, especialmente cierto sector de la misma, es brutal. No fui diagnosticada, pero estoy convencida que sufrí una depresión post parto de libro. 

Por suerte, eso es cosa del pasado y una experiencia más de las que me tocará vivir. Me ha servido para saber que en esta vida hay que saber de todo y que compartir experiencias es lo mejor para crecer como persona. Por eso, al quedarme embarazada por segunda vez, decidí que con mi hija no quería que me pasara lo mismo. Quería poder intentarlo con más fuerzas y energías, pero sobre todo con más información

Durante el embarazo empecé a preguntar a otras mamis sobre cómo les fue la lactancia. Todo un mundo se abrió ante mí. Yo iba con la idea de una lactancia ideal, sin dolor, pero la realidad fue otra. Casi todas las madres con las que hablé, los primeros días fueron muy duros y dolorosos. Si señores, la lactancia materna duele, al menos para una cierta parte de las mujeres. ¡Leches! ¿Y por qué no me lo habíais contado antes? Sencillamente porque todas nos sentíamos como el bicho raro, "sólo a mí me pasa esto". Un sentimiento de vergüenza y de mala madre nos invade. Así que, desde aquí os pido, que cuando una madre o un padre os pregunten, por favor, contad lo bueno y lo malo. No hay nada vergonzoso en ello. Necesitamos saber. Nadie es perfecto. 

La lactancia materna es laboriosa. Quizá tengas la suerte de que tu bebé se enganche a la primera. Pero si eres de las "afortunadas" que no lo han conseguido, engancha y desengancha tantas veces como sea necesario. Y pide ayuda, no hay nada avergonzante en ello. Yo fui con esa idea y así se lo hice ver al matrón (¿se dice así?) que me atendió. Un hombre encantador que tuvo la santa paciencia de tratarme. Le dije mis miedos y me supo comprender. Me ayudó como nadie lo había hecho antes. Y he de decir, a día de hoy siete meses después, que se lo agradeceré eternamente. Hoy en día estoy disfrutando de una lactancia materna maravillosa. Sí, apenas duermo y no puedo irme muy lejos ni por mucho tiempo sin mi pequeñaja. Pero tengo a una bebé rolliza y sana que te enamora. 

¡Ojo! Mi otro hijo, criado con lactancia artificial, está hecho un toro y es un pequeño caballerete en potencia. Por suerte, las leches de fórmula de hoy en día son de una calidad altísima y muy seguras para criar a tu hijo de una manera totalmente sana. Que la lactancia materna es lo mejor para tu hijo es lo mejor, no lo cuestiona nadie. Pero si has decidido criar a tu hijo con leche de fórmula, por la razón que sea, estate totalmente tranquila que tu hijo va a estar perfectamente. Es tu decisión y así debe ser respetada

Antes de acabar el post, me gustaría añadir una última reflexión. No por ser la última va a ser la menos importante. Es más, creo que debería haber empezado por este punto. El éxito de mis dos maternidades no habría sido posible sin el apoyo incondicional de mi marido. Siempre al pie del cañón, para lo bueno y para lo malo. Con una santa paciencia y con una fuerza que no os podéis imaginar. En ningún momento me dejó tirar la toalla. Ha respetado y apoyado todas mis decisiones. Me ha escuchado. Me ha dejado desahogarme. Me ha asesorado. Ha buscado información. Ha revuelto Roma con Santiago. Todo ello con un sólo fin, verme feliz. Nunca podré demostrarte todo lo que has hecho por mí. Pero si esta familia está aquí, hoy por hoy, es gracias a ti. Te quiero, ¡ahora y siempre!