miércoles, 26 de octubre de 2016

La bata blanca, todo un símbolo asociado a la farmacia.

Uno de los buques insignia de todo farmacéutico que se precie, es llevar una bata blanca y reluciente y, a poder ser, lo mejor planchada posible.

Ahora bien, ¿por qué llevamos una bata blanca? La bata blanca está asociada a numerosas profesiones del mundo de la salud. Un símbolo que denota pureza y asepsia, es decir, limpieza e higiene.

Imagen IM farmacias


El origen de la bata blanca va unida al desarrollo de la medicina. A principios del siglo XIX la medicina no estaba considerada como la ciencia tal y como la conocemos hoy en día. La capacidad curativa de los médicos era, cuánto menos, dudosa. Los médicos vestían de negro y generaban desconfianza. Los pacientes no los querían ni ver por su asociación con la muerte.

Según fue desarrollándose la medicina, se observó como el ambiente que rodeaba al paciente era crucial en su curación. Unas condiciones de higiene adecuadas eran la diferencia entre la curación o el fallecimiento del paciente en un alto porcentaje de los casos. Actividades como la esterilización e higiene de las zonas de trabajo dieron como resultado la aparición de la bata blanca.

Tal es la importancia que se le da a este símbolo que, en algunas universidades de medicina, a los estudiantes que finalizan sus estudios, se les honra con una ceremonia llamada “Ceremonia de imposición de la bata blanca”.

Este símbolo, originado en la práctica de la medicina, se trasladó al resto de profesiones sanitarias, entre ellas la farmacéutica. Nos hemos acostumbrado a que nuestros pacientes nos identifiquen con esta prenda. De hecho, no sé si a vosotros os habrá pasado, el hecho de cruzaros con pacientes cuando vais “de paisano”, y se os quedan mirando con cara de “te conozco y no sé de qué”. Yo siempre les saludo y les digo “ponme una bata blanca”. En ese momento se les ilumina la cara y te dicen “¡eres la farmacéutica!”. A mí me ha pasado muchas veces, la verdad.

Ahora bien, ¿estamos obligados a llevar bata blanca? La respuesta es no. Según las distintas leyes de ordenación farmacéutica, sí estamos obligados a ir identificados personal y profesionalmente. No dicen nada sobre la bata blanca. No obstante, su uso se ha generalizado y, al igual que ocurre en medicina, su uso se asocia psicológicamente a limpieza, higiene, confianza y seguridad ante el profesional que tenemos delante.

Toda situación tiene dos caras, y este tema no iba a ser menos. Hay ocasiones en las que la bata blanca supone una brecha entre el paciente y el profesional. Un alto porcentaje de pacientes sufre lo que se ha venido a denominar como “síndrome de la bata blanca”. Este tipo de pacientes, ante una bata blanca, padecen síntomas del tipo sudoración, taquicardia e hipertensión arterial. De ahí que haya un sector crítico de la sociedad que cuestione el uso de este tipo de indumentarias, tal y como queda reflejado en el artículo siguiente: “Dear pharmacists, are those white coats really necesssary?”.

Lo que es un hecho es que la bata blanca se ha convertido en un símbolo asociado a nuestra profesión y que, en los últimos tiempos, ha evolucionado de manera notable. Hoy día es muy normal encontrarse farmacéuticos uniformados con distintos modelos y colores que van acorde con la estética de la farmacia. Son un símbolo más de la marca que quieren reflejar. Un detalle que se debe mimar y cuidar para dar un voto más de confianza a los pacientes.

Por último, para terminar, una pequeña petición a los almacenes de distribución y a los laboratorios farmacéuticos. Por favor, cuiden la limpieza de las cubetas y los embalajes porque, al final del día, lo que empezó siendo una bata blanca y reluciente, acabó convirtiéndose en un objeto negro como el carbón (permitidme una pequeña nota de humor).


Muchas gracias a todos por leerme. Es un placer volver a teneros a todos ahí leyéndome. Un abrazo.