miércoles, 25 de septiembre de 2013

Ser Farmacéutico

     Hoy 25 de septiembre, se celebra el Día Mundial del Farmacéutico. Bajo el lema "Tu farmacéutico se compromete contigo", se destacan cinco compromisos que la profesión farmacéutica ha adquirido con la sociedad: "Con tus medicamentos; con tu salud; contigo, en cualquier lugar y momento; con la sostenibilidad del sistema sanitario y con las nuevas tecnologías". Además, se subraya el papel que juega el farmacéutico en otros ámbitos profesionales en los que trabaja más allá de la farmacia comunitaria, muchas veces desconocidos. 

Imagen cortesía Wikipedia
Para aquel que no lo desconozca, ser farmacéutico es pertenecer a una profesión con muchos (muchísimos) años de historia. La historia de la farmacia como ciencia independiente es relativamente joven. Sus orígenes se remontan al primer tercio del siglo XIX. Hasta el nacimiento de la farmacia como ciencia independiente, existe una evolución histórica desde la antigüedad clásica hasta nuestros días que marca el curso de esta ciencia, siempre relacionada con la medicina. 

El papel del farmacéutico ha evolucionado de forma vertiginosa, siendo una de las profesiones que mejor ha sabido adaptarse a los cambios de la sociedad, lo que le da un matiz de superviviente nato. 

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El farmacéutico es el profesional de la salud experto en medicamentos. Su principal función es lograr un correcto uso de los mismos logrando así los fines terapéuticos a los que van destinados los medicamentos. En la antigüedad era el farmacéutico el que elaboraba los medicamentos a partir de sus principios activos en el laboratorio de la propia botica. Actualmente, la mayoría de los medicamentos se elaboran a nivel industrial, quedando relegado el papel del farmacéutico como elaborador para sólo unas pocas fórmulas magistrales. Es en este punto donde el farmacéutico se ve obligado a hacer su primera transformación. Hemos pasado de ser elaboradores y dispensadores, a ser únicamente dispensadores. Lejos de suponer una derrota, el farmacéutico ve este cambio como un reto y una evolución a un papel como sanitario mucho mayor. 

Nuestro papel como profesionales sanitarios dentro de una Oficina de Farmacia ha ido irremediablemente unido al del perfil como comerciantes. Al realizar nuestra tarea dentro de un establecimiento privado con carácter público, con el desarrollo comercial de por medio, hace que, en ocasiones, no se nos vea como sanitarios sino como comerciantes. Somos muchos los que llevamos luchando mucho tiempo para quitarnos esta lacra. Luchamos contra la sociedad, contra otros profesionales sanitarios y, por qué no decirlo, contra nosotros mismos, ya que en numerosas ocasiones somos los propios farmacéuticos los que nos perjudicamos. De nada sirve echar balones fuera y decir que las culpas son de otros. Lo que tenemos nos lo hemos ganado a pulso, siendo poco profesionales y mirando muchas veces el bolsillo. Por supuesto que el carácter económico es importante. No vivimos del aire y nadie trabaja por amor al arte. Pero trabajamos en una esfera especial, la SALUD, y esto no debe desviarnos nunca de nuestra meta en el camino, que no es ni más ni menos que la salud y el bienestar de nuestros pacientes.

No debemos olvidar que hemos sido y somos una profesión altamente atacada desde la esfera política. En los últimos años hemos sufrido un sinfín de normativas que han hecho que nuestros perfil como sanitario se haya visto mermado en pro del perfil como comerciante. La sociedad lo ha visto, y se ha creado una imagen del farmacéutico lejos de la realidad. Pero como ya he dicho anteriormente, ser farmacéutico es ser moldeable y adaptable a las circunstancias. No sólo no nos caemos, sino que nos hacemos más fuertes. Buscamos nuestras virtudes y las potenciamos. Si la sociedad nos ve como lo que somos, unos verdaderos sanitarios, es gracias al trabajo de muchos de nosotros que nos gusta (nos encanta, nos enamora) nuestra profesión. En estos momentos, la farmacia sufre una época de cambios y transiciones. Ya no somos únicamente dispensadores de medicamentos. Somos sanitarios expertos en consejo farmacéutico, en seguimiento farmacoterapéutico, en atención integral a pacientes asegurando una correcta utilización de la farmacoterapia, asesores en campañas sanitarias, trabajando en consonancia con otros profesionales de la salud, mejorando día a día la visión que se tiene del farmacéutico comunitario. 

Este trabajo no está siendo fácil, y los obstáculos están siendo numerosos. Sólo hay una manera de lograr alcanzar nuestro objetivo: la uníon de todos nosotros. Con este fin se creó SEFAC, la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria. Una sociedad en la que todos aquellos que amamos esta profesión debemos estar presentes. SEFAC lucha por lo que queremos ser, un profesional sanitario de relevancia en la sociedad. Son muchos los logros que SEFAC ha conseguido hasta ahora, y van a ser muchos más. Por eso desde mi humilde opinión y desde esta plataforma que es mi blog, os animo a todos los farmacéuticos que como yo, amáis esta profesión, a que conozcáis esta sociedad y os animéis a formar parte de esta gran familia. Como ya he dicho en innumerables ocasiones, me encanta ser farmacéutica, amo esta profesión y sueño con un futuro muy prometedor.

Con motivo de este día tan especial para todos nosotros, lancé ayer una pregunta a mi time line en Twitter preguntando a todos mis compañeros qué es lo mejor y lo peor de ser farmacéutico. Estoy preparando un post muy especial con todas vuestras respuestas. No tengo palabras para agradeceros lo mucho que habéis colaborado en esta pequeña aventurilla que he llevado a cabo. Mil gracias a todos.

Para acabar, permitirme la licencia de poner un poco de humor en nuestro día: