domingo, 6 de abril de 2014

Pequeñas picaduras, grandes amenazas

Supongo que este título habrá hecho que abráis bien los ojos y penséis, ¿pero de qué va a hablar hoy? El post de esta semana no va sobre farmacia, al menos no directamente. Pero sí tiene que ver mucho con el mundo de la farmacia. Ya que el mundo de la farmacia gira en torno a la salud. Ese bien tan poco preciado cuando se tiene, y tan añorado cuando se pierde.

El 7 de Abril se celebra en todo el mundo el Día Mundial de la Salud. En 1948, en la Primera Asamblea Mundial de la Salud se propuso que hubiera un “Día Mundial de la Salud” para conmemorar la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es en 1950 cuando se instaura el día 7 de Abril como Día Mundial de la Salud.


Se define la Salud como un “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia”. Tal y como reza en esta definición la salud abarca muchos aspectos del día a día. La pérdida de salud puede venir por la alteración de numerosos factores. Algunos de ellos internos (alteraciones genéticas, disfunciones de órganos) y otros externos (problemas de salud pública, tóxicos ambientales, hábitos de vida poco saludables). Es por esto por lo que conseguir un estado total de salud es bastante difícil.

El lema elegido por la OMS para conmemorar este año el Día Mundial de la Salud es “Pequeñas picaduras, grandes amenazas”. Se ha comprobado que existe un elevado número de vectores transmisores de enfermedades. Dentro de estos vectores los insectos son grandes protagonistas. Hay un alto número de enfermedades cuya vía de transmisión es la picadura de un mosquito. Algo que puede parecer demasiado banal, supone un grave riesgo para la salud pública de los habitantes, en especial de los países en vías de desarrollo.


En nuestro mundo occidental, cómodo y bien desarrollado, si pensamos en una picadura de un mosquito, rápidamente lo asociamos a la aparición de un pequeño grano más o menos molesto, puede picar más o menos. Pero en ningún caso llegamos a pensar que pueda poner en peligro nuestra salud, y ni muchísimo menos causarnos la muerte. Si esa misma pregunta se la hacemos a una niña de un país que no tiene acceso a los servicios sanitarios, que no tiene herramientas farmacológicas para evitar el desarrollo de la enfermedad, que no tiene los medios necesarios para atajar esa infección, la niña se pondrá sobre aviso e intentará por todos los medios que ese mosquito no la alcance.

Las enfermedades de transmisión por vectores no son banales, en ningún caso. Los mosquitos, las moscas, las garrapatas y los caracoles de agua dulce pueden propagar patógenos que provocan enfermedades graves y la muerte. Enfermedades como el paludismo, el dengue, la leishmaniosis y la fiebre amarilla se pueden prevenir; aun así, afectan sobre todo a algunas de las personas más pobres del mundo. Más de la mitad de la población mundial corre el riesgo de contraer estas enfermedades. Se calcula que el 40% de la población mundial corre el riesgo de contraer el dengue. Cada año se producen 1,3 millones de nuevos casos de leishmaniosis. Cifras nada desdeñables y que no deben ser tomadas a la ligera.

Lo más paradójico de estos casos (y lo que más duele, todo sea dicho), es que la solución es de lo más simple. Simple al menos para alguien que vive de forma más o menos acomodada. Sin embargo, como ya hemos dicho, para aquellas personas que no tienen acceso a los recursos necesarios, esas medidas tan simples, tan sencillas y tan eficaces, se vuelven de lo más tediosas.

Entre esas medidas preventivas encontramos dormir bajo mosquiteras de cama, usar pantalones largos y camisas de manga larga, y la utilización de repelentes de mosquitos. ¿Veis cómo son medidas de lo más simple? Entonces, ¿dónde está el problema? La respuesta es bien simple. Yo puedo ir ahora mismo a una tienda y comprarme unos pantalones y unas camisas. Después voy a la farmacia y compro el repelente que allí me recomienden. Sencillo, ¿verdad? Ahora pensemos lo mismo para una niña que viva en Guatemala. Si tuviera el dinero para poder comprarse unos pantalones, una camisa y un repelente, si le preguntas, estoy casi convencida que te diría “Prefiero comprar comida”.

La realidad es muy dura, la vida te golpea con fuerza. Según donde nazcas podrás ser una u otra persona. ¿Esto es justo? No, sin duda. ¿Qué podemos hacer? Dejar de mirarnos tanto el ombligo y levantar la vista al horizonte. Desde las propias administraciones hasta el individuo más anónimo de la sociedad. Todos podemos colaborar, de una manera o de otra. Siempre hay algo que podamos hacer.